miércoles, 16 de julio de 2014
La venganza de las sonrisas
Decidí hacer clases de guitarra porque no hay nada mejor las sonrisas y los abrazos volviendo, la calidez de aprender y enseñar unidos en un solo momento. Con el tiempo aprendí a llenarme del amor de los que luchan por un mundo nuevo, lejos de aquellos que hacen del amor un sentimiento de pertenencia, abrazando las ideas de las que me enamoré hace tantos años, ya paso una década y sigo aquí no haciendo de mi vida un lugar cómodo, ni feliz, pero con el corazón bien grande decidido a acabar con el mal que nos regala el capitalismo. Es bonito si miro el día para entender que anoche estaba en Pudahuel, hoy almorzando en una porotada en San Bernardo, para luego venir a hacer clases a la pobla, mientras que otros prostituyen las palabras de su hocico -Sea en una empresa o arriba de una micro-.
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