Un número peculiar
El animal más dulce
Mira la pantalla de su celular para saber la hora, es el año dos mil catorce casi ninguna persona usa reloj de pulseras en Santiago de Chile, revisa sus bolsillos por quinta vez desde que salio de casa -hace media hora- sus ultimas dos monedas no se han movido, son las cuatro de la tarde así que a paso lento se aproxima a tres teléfonos públicos pegados en la pared de la estación de metro, introduce una moneda al teléfono del lado derecho pero pasa de largo, intenta otras veces con la misma moneda pero el resultado no cambia, va al teléfono de la izquierda ya que en el teléfono de en medio que es más pequeño que los otros dos y esta ocupado por un adolescente que se excusa porque va tarde a juntarse con sus amigos, comienza el ritual, verifica si el teléfono tiene tono, aprieta con el dedo el botón que se aprieta con el auricular cuando se corta, busca el número en la libreta -la gente no suele usar libreta pero él la necesitaba para no olvidar las ideas que se le venían a la cabeza, resultaba que solían venir en el momento menos oportuno al igual que él-, introduce la moneda pero otra vez pasa de largo, guarda la libreta, saca la moneda y camina hacia las escaleras mecánicas. "Que fome, son mis últimas chauchas y debo llamarle, es que necesito escuchar su voz, solo así se quitara esta ansiedad. Quizás deba buscar un trabajo" dice mientras sube junto a unas veintena de pseudo-personas al ritmo de los engranajes, camina entre los entrega volantes hasta llegar a un pilar que carga dos teléfonos, verifica si el teléfono tiene tono, aprieta con el dedo el botón que se aprieta con el auricular cuando se corta, busca el número en la libreta, pero la moneda se desliza cual niño pequeño en un resbalin plástico de la plaza, va hacia al quiosco de en lado y pide que le cambien la moneda por favor, la recibe y avanza hasta la escalera mecánica, baja, avanza hacia los tres teléfonos, solo el de en medio esta libre, repite el ritual, acerca el fono a su oreja para ver si tiene tono, aprieta con el dedo el botón que se aprieta con el auricular cuando se corta, busca el número en la libreta, introduce la moneda, en la pantalla se muestra que esta vez todo funciono, marca el número, un numero peculiar dos pares iguales, dos impares iguales y los dos números de en medio son alfa y omega, el principio y el fin en equilibrada dialéctica, suenan los tonos, pero no hay respuesta, prueba cinco veces más, pero nada. "Debe estar con su nueva pareja, que estúpido soy, estoy enfermo".
Aunque ella hubiese contestado él no sabría que decirle, las palabras sobraban, han pasado meses buscando las palabras correctas, pero lo único que se aproximaba a lo que sentía realmente era la imagen de una puerta abierta en mitad de un bosque de plátanos orientales en invierno, un vacío enorme, ya ni las hojas amarillas que dejo el otoño adornaban el suelo. Salió a la avenida, miró sus manos, no encontró nada, caminó hasta la pasarela, pensó en ella, escribió unos versos, las lagrimas corrieron por sus huesudos pómulos, lanzo las monedas al vació, dijo algunas maldiciones y siguió su camino hacia ningún lugar, llego hasta al parque, echado miró el cielo por algún tiempo, entre ese silencio lleno de voces alegres/chillonas del parque recordó que entre todos los seres del universo ella era el animal más dulce y se durmió.
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