domingo, 10 de agosto de 2014

Tazas de té en la Victoria

-Pero flaquito eres super joven para cargar esos ojos tan tristes y esas palabras melancólicas.
-Yo en realidad no busco que se me note, cambiando el tema, nunca había visto una foto de Miguel Enriquez sonriendo, siempre vi fotos de el muy serio, con su bigote, mientras miraba el horizonte, como si allá bien lejos estuviera el socialismo, cual Che Guevara.

Mientras paseo por las calles de La Victoria casa por casa mientras las chicas van ofreciendo italianos a seiscientos pesos me acuerdo que me gusta estar acá, las calles estan llenas de gente, los pasajes son angostos y casi cada cinco casas alguien vende algo -ya sea completos, queques, ropa, etc- o conversa con el vecino. Me siento parte de esté mundillo especial donde las paredes van pintadas de rojo y el Che, el Chicho Allende o Miguel nos vigilan desde la pared. Pienso que es tan triste mi población y tan diferente a esta, que los niños no estan en el pasaje jugando y los quinceañeros se andan drogando por allí soñando en que mañana tendran un auto o una pistola para robar algo que les de para tener las zapatillas que el mercado les ofrece o tatuarse símbolos masonicos que no saben que son. Ni ganas de fumar tengo, vuelvo a la casa donde estoy de visita y me ofrecen té, hablamos de la carrera que ahora curso, de que si le intereso a la gente, que no estoy solo, escucho una voz que me rescata de mi típico viaje en otro lugar "No llores, que no vale la pena llorar si no te quieren ¿no ves que te puedes morir en unas semanas y el último recuerdo que tendremos tuyo sera que andabas triste por quedarte queriendo solo? La vida es bonita compa y si las cosas pasan ha de ser por algo ¿no?".

En realidad me gusta como he llevado mi vida, ayer con los pank en una cena cerca de avenida Matta y hoy en una completada en La Victoria, pero me gustaría compartirla antes de que se me apaguen las luces y se me marchiten las flores de la esperanza en una humanidad cada día menos humana.




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