martes, 5 de agosto de 2014

III

"Yo les propongo un juego
-destrozando mi abdomen sale un naipe-.
un juego perdulario, picaresco:
propongo
convocar esta noche a los suicidas
vaso en mano
y de hombre a hombre
proponerles que prueben la alegría,
y si retornan,
vale decir, si pierdo,
condéname a estar vivo
más allá de la especie"

Pablo de Rokha Hijo


"No importa que hayas cortado siete espigas
yo he roto todos los espejos
he cerrado todas las ventanas
y estoy condenado a permanecer
inmovil en este pueblo
donde entre la lluvia y la vida hay que elegir la lluvia"

Jorge Tellier


La erosión a causa del tiempo en las construcciones por más mínima que estas sean es evidente, ¿entonces cómo pretender que mis sentimientos no se vean afectados por esta? No gritas nada, mientras levanto la muralla del orgullo de aquel que se vio solo junto al vació. ¿Usted? Usted no es nadie señorito altanero de la micro, aparente un poco y muera al ritmo que le impuso la maquina. Que satírica es la vida, cruel tragedia griega va poniendo las cosas en su puesto para que el héroe muera de lo que se le había sentenciado. Yo aquí sentado en los sillones de los mártires levanto el lápiz envuelto en fuego que plasmara el paso por medio del desierto 
             del desencanto
                         donde desespero
                                      de desamor~

Que triste que las cosa sean así, como alguien hoy dijo "La vida es una rueda, aveces estas arriba y otras abajo", montaña rusa de emociones es mi corazón, emociones que van matando al niño sensible convirtiéndolo en desolador adulto, en categórico descriptor del mundo en decadencia. Ven hermana tiembla conmigo, hazme reír como ayer para que este mundo no me mate, para que las decepciones no me duelan, para que las balas no me alcancen y los puñales no se claven en esta piel llena de hueso, llena de huesos como el puño estrellándose contra la cara de la melancolía, pasajera -como tu amor- esta sensación de ahogo ante las caras estupefactas de las personas que transitan por el centro de la ciudad. Me pierdo entre esos pasadizos donde leen los puros y las cartas, donde hay filas de personas esperando para que alguna mancia le regale un buen augurio para sus pasos perdido, me siento en una banca a mirar los barcos de nubes surcando el cielo de occidente a oriente, camino un poco más, apago el cigarrillo y tarareo una canción nueva que suena a jazz mientras me pierdo en la neblina de tu inmenso desinterés demostrado.

                                          

                                                                 

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