miércoles, 12 de marzo de 2014

Encerrado al final del camino: La rabía

Se precipita el cielo mojando cada rincón de mi ígneo cuerpo, las voces golpean los muros y no vuelven, resbalando otra vez con las mismas viejas lagrimas, resbalando otra vez con las mismas viejas miserias. Se precipitan los ojos envueltos de la luz abrazadora que los caracteriza, desoladores miran, miran la sangre en el suelo. Me siento a esperar el tren y veo como me rodeo de zombis vacíos por dentro, son solo estética, sin recorrido, maldiciendo la resequedad de sus bolsillos, envidiando al resto, tragando publicidad, marketing y democracia para estancar su alma, para estancar su corazón, para quedarse solos porque los han convencido de que deben estarlo. No quiero volver a escribir, voy a gritarlo todo, con lagrimas en los ojos, con el corazón en el lodo, con las manos partidas, con los nudillos sangrando, con los pulmones intactos, con el alma brillando, con la ciudad ardiendo en fuego. Me refugiare en estos rápidos y monótonos compases, mirare al suelo cuando me acuerde de ti y será mi voz la que te irá a buscar. Cuando vuelvas dejare de gritar, cuando vuelvas estará en calma el mar.

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