lunes, 19 de agosto de 2013

No habían tormentas sin fin

Todo en esta vida tiene un ritmo vital y no es el ritmo que nos impone el capital, más bien es un río el cual no se puede empujar ya que este fluye solo naturalmente, es así como logre salir del laberinto sentado junto a este río escuchándolo pasar para que me hablara no del pasado, ni del futuro, sino que de este momento en el que escribo y respiro tranquilo, descansado y sonriente. Nunca pensé que podría vivir después de la tormenta pero si se puede, en cada uno de mis huesos están marcados con lo aprendido, con las caídas y las subidas que tienen los siclos, adiós Daniela, cuídate mucho que la vida te sonría, no me canse de ti, ni de la idea extraña que teníamos de remontarnos al pasado que nos destruyo cada vez que podíamos solo que en mi cabeza -y alma- no quedaba más vuelta que darle a todo este asunto. Y para serte sincero prefería no haber vivido nada de esto aunque no hubiese aprendido nada, procura no ganar siempre porque de las derrotas se aprende, y pues nada tu sabes que hacer sufre lo que tengas que sufrir, ríe lo que tengas que reír que yo me marcho de aquí.


Hay dos cosas que conviene evitar: Una vida de placeres; eso es bajo y vano. Un vida de mortificaciones; eso es inútil y vano
                                         Gautama Buda


1 comentario:

  1. Espero el viento nos encuentre de nuevo maigre, en otra vida que esta se acabó aquí.
    Ahora queda llenarse de sonrisas, quizás un día podamos compartir historias por ahí donde se quema el cielo.
    Suerte en este comienzo querido

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