Árbol de navidad
Estrellas
El mono que no habla
Entre dormido a las 12:30 de la mañana sentí el sonido de vidrios quebrándose en mi cabeza la imagen de una granada de mano reventando rompiendo las ventanas una habitación en la que me encontraba me despertó abruptamente, no se trataba más que de la caída de el techo del mini bar por lo que las copas que colgaban de el y la ponchera situada en el mesón del bar. A las 3:30 llamaba mi abuelo a la puerta para ir a almorzar, mi abuela había hecho puré de papas con pescado frito el anciano como siempre se quejo de las espinas del pescado yo solo miraba mi plato y comía. ''¿ Narigón te fijaste que puse el árbol?'' dijo mi abuela prendiendo las luces de este, ''No lo había notado''. Al atardecer después de la siesta me senté a leer ''For whom the bell tolls'' Enviado por Felipe desde La Habana, mientras sonaban las canciones del árbol navideño entonces, si justo entonces recordé aquellas tardes de Diciembre en las cuales mis intestinos gritaban tu nombre y con cada palabra ese grito se transformaba en las orugas que algún día serian mariposas, mi primer amor por una niña de tes blanca, baja, pelo corto y mejillas rojas. Cuando los recuerdos vienen a mi lo único que me calma es caminar así me vi en vuelto en esta caminata hacia el cerro Chena que esta a 30 minutos caminando de casa, llegue a el y prendí un cigarrillo saque la libreta y escribí:
Si,
la vida es ir
muriendo gradualmente
poco a poco,
pero no me acompleja
con tal
de acompañarme
de ti.
Al volver a casa mis ojos solo se concentraban en la inmensidad del cielo estrellado por el cual se cruzo simpáticamente una estrella fugaz, no veía un ejemplar de estas desde mi niñes, la angustia del recuerdo de mi primer amor no me permitió pedir un deseo como es común en la gente al ver al cuerpo brillante en movimiento deshaciéndose, llegue a casa mis abuelos ya estaban acostados y me dirigí a mi habitación, prendí otro Largo&Malo, busque en la oscuridad el encendedor encendí la lampara de la mesa y abrí el cuaderno, tome el lápiz verde con disposición a escribir. No recuerdo bien en que momento me dormí pero al despertar al otro día por mi abuelo -que como todos los abuelos se levanta extremadamente temparno- en mi cuaderno solo decía: Nunca supe como decirte las cosas María, tenia tanto miedo de perderte que te cuando esto paso el frió se adueño de mi y volví a ser el ser que fui en mi niñez, no dije una palabra durante 5 semanas más bien lo escribía todo. De los tres monos sabios hay uno que no habla, y yo soy ese mono.
'Estoy vivo' lo afirme escribiendo ~
(*) Oleo pintado por Victor Primero, otro mono que fuma mucho y no habla.-

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