''¿Quién te escribía
a ti versos
dime niña
quién era?''
Manzanita
Llegamos caminando a la plaza Prat, tome el paquete de cigarrillos, lo abrí de manera abrupta le ofrecí uno y saque uno para mi, ella había comprado mentitas me dio dos y las introduje en mi boca, en el acto ella metía dos más en la suya. Las parejas en el pasto se levantaban y se limitaban caminar abrazados, eran altas horas de la noche y la población nunca a sido segura paso el tiempo hablando de desamor como es tema en estos días en muchas vidas, el frío se hizo insoportable para mi chaleco de cuello ''V'' también para sus medias y su polerón abierto, decidí cambiarme de lado (su bolso se entrometía entre yo y ella entonces deje el bolso adelante) y la abrace, ''Hace demasiado frió'' dije, a lo que respondió con un movimiento de cabeza positivo, yo solo miraba el árbol pequeño que plantaron hace menos de dos semanas que se levantaba junto a la banca de piedra y concreto ''Van a durar poco'' me dijo, yo seguía mirando el árbol, se escucho el silencio mientras sus manos recorrían una de las mías huesudas/venosas, mi mano acariciaba su cuello con arpegios de guitarra. Mi cara contra la suya en cariños redondos y la presión de los abrazos trajo las miradas cómplices, solo miradas y acercamientos más mundanos en cada segundo -parecían minutos- pasado. Puso cómodamente su cabeza sobre mis piernas, saque las ultimas mentitas eche las mías a la boca y le puse las suyas en la de ella, con sus hermosos labios mordió mis dedos sensualmente mis mano izquierda se acomodo en su abdomen y la derecha en su seno derecho, las suyas en mi cuello, luego una llamada a su celular ''Estoy caminando a casa dijo'' nos levantamos y caminamos. Su casa quedaba a menos de 10 minutos de la plaza, llegamos hasta la esquina sur-oriente de la plaza y un auto se devolvía producto de un desvió estaban arreglando la calle estaba todo cubierto con malla y cerrado solo las veredas estaban libres y los faroles de las calles rotos por los niños a pedradas le daban un toque lúgubre, caminamos por la vereda sur pegados uno detrás del otro -Mochila, ella y yo- me detuve para arreglar mis pantalones ya que estos se caían producto de mi flaqueza, recojo del suelo un palo para tejer me acerco a ella muerdo su oreja y le digo susurrando al oído ''Has bailado con el demonio a la luz de la luna'' ''¿Qué?'' ''El Wason siempre le decía eso a sus victimas'' el frió paso por su espalda, busco mi mano para tomarla pero -Pero es la palabra más horrible que antecede algo más horrible que el pero- mis manos estaban enterrando la puntuda estructura de metal en su cuello, el músculo no dejaba tocar la aorta así que los movimientos para atravesarlo se prolongaron por unos segundos hasta que al sacarlo para enterrar otra vez la sangre corría y manchaba otra vez estas calles del triste rojo, su grito fue el más fuerte de los sonidos (el silencio que es el que nos acompaño siempre). Cuando llegue a casa las manchas rojas brillantes adornaban mis zapatillas, mientras quemaba estas la policía tocaba la puerta, ''¿Quien valora la vida de un tragidramatico cuando es una tragicomedia?'' Salte la pared que divide la casa de atrás de la mía y corrí. Como siempre escapando de mis problemas.
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