
Ya no puedo dibujar tu cara, ni puedo lograr escuchar el sonido de tu voz en el silencio o en los grandes ruidos, ya no me gritas desde lo lejos, creo que llego el día... Supongo esto es lo que llaman olvido, las cenizas se caían de entre mis dedos mientras caminaba con mis manos abiertas hacia donde voy, aquí era el ''tan lejos como queramos'', aquí esta la salida a todo aquello, un pulmón herido el corazón disminuido partido en cuatro quizás... Entonces mientras ella tomaba mi mano yo escuchaba el vals en mi cabeza, el que siempre estaba allí a esas alturas de la madrugada, entonces cada gesto de cariño era cortado por mis palabras, nos abrazamos en el ritual hermoso de aquel salón donde aprendí (de verdad) a tocar guitarra, mis ojos miraban su alma helada cada intento de robarme un beso era reducido por mi sonrisa y mi habilidad, ella no quería mi boca, sino recuperar lo que siempre le perteneció, eran ya las 6:45 de la mañana por primera vez nuestra cita había sido tan larga. Una vida juntos y no nos habíamos dado cuenta que eramos la pareja perfecta los que bailarían aquel vals que siempre resuena en mi cabeza. Entonces me dijo ''Solo uno Bastián, toca mi boca'', mis labios tocaron aquella boca que por casi ya dos décadas me a hablado, in situ el frió bajo por mi espalda, llego al estomago y subió hasta el corazón, y liberando mi garganta del nudo (por la que ya no recuerdo su cara) las mariposas salieron por mi boca cayendo para luego alzar el vuelo. Ahora lo vengo a notar, después de tantos años: Ella no quería ser mi amiga, me quería solo para ella... Ay Soledad.-
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